El consentimiento es un pilar fundamental de la sexualidad saludable. No se trata solo de un acuerdo explícito, sino de un proceso continuo que implica comunicación, respeto y sensibilidad hacia el otro.
Desde la psicología, el consentimiento también tiene una dimensión emocional. Implica sentirse seguro, escuchado y libre de presiones. No basta con la ausencia de un “no”; debe existir un “sí” claro y voluntario.
Además, el consentimiento puede cambiar en cualquier momento. Respetar estos cambios es esencial para mantener una relación basada en la confianza.
Trabajar el consentimiento también implica cuestionar creencias culturales que normalizan la insistencia o minimizan los límites personales.
Fomentar una cultura del consentimiento contribuye no solo a prevenir situaciones de abuso, sino también a mejorar la calidad de las relaciones íntimas.
La importancia del consentimiento: dimensiones emocionales, cognitivas y relacionales
